sábado, 8 de abril de 2017

Pensar el suicidio - 13 REASONS WHY

La vida es difícil, es una carga pesada en la que por instantes encontramos momentos de paz y plenitud, pero son mínimos casi siempre. O a veces vivimos una vida en la que nos sentimos fuera de lugar y sobre todo solos.
Es cierto que se puede disfrutar la soledad, y es necesario porque somos individuos, debemos aprender a entrar en nuestra soledad y aceptarla, pero también es cierto que somos seres sociales, somos seres de comunidad, desde que nacemos somos tan débiles que debemos ser sostenidos por alguien más, y así es el resto de nuestra vida, siempre necesitamos aceptación y empatía. y claro, tener una pareja para la compañía y la reproducción. Es algo intrínceco en nuestra naturaleza y en nuestra cultura.

Esta semana terminé de ver una nueva serie de Netflix 13 REASONS WHY en las que se sabe que la protagonista está muerta desde el principio, se había suicidado, pero a lo largo de los 13 capítulos se recrean todas las malas experiencias que las otras personas le propiciaron para llevarla al límite de suicidarse.
Hay que indicar que es una serie muy realista, no pasa nada de anormal, nada de extraordinario, está basada en un libro de Jay Asher, que me pongo a pensar que son cosas que pasan a veces en nuestras narices, experiencias que tal vez hemos pasado nosotros mismos o que podrían estar pasando cualquiera de nuestros conocidos, en México y en cualquier otro país, tal vez con más rango en uno que en otros.

Confieso que al principio llegué desaprobar el suicidio de Hannah Baker, la protagonista.
Pensé: era una chica guapa, joven, solo 17 años, sensible, tal vez inteligente, si estaba cansada de su vida hubiera dejado todo, hubiera ido a viajar por el mundo totalmente de aventura, total no le tenía miedo a la muerte.
Pensé, y de hecho es un pensamiento muy lógico:  si no le tienes miedo a la muerte, no le tienes miedo a nada, bien puedes tirarte de un paracaídas, hacer deportes extremos, entregarte a las demás personas, hacer caridades con tu vida, aprovechar esa vida que crees que ya no sirve para nada, y tal vez sólo así la vida tenga un sentido.

Si la vida les importa tan poco, ¿por qué no aprovechan eso y hacen cosas audaces?
Pero yo pienso esto desde mi perspectiva porque a mí sí me importa mi vida, yo pienso que es lo único que tengo, pues no tengo pruebas de que haya otra vida después de esta, y trato de cuidarla y por eso dejo de hacer cosas audaces.
Pero no me había puesto a pensar que estas personas están sumamente deprimidas que no tienen fuerzas ya para respirar, o que tienen recuerdos tan malos en su memoria que no pueden soportar,
así que siendo más abierta y desplazándome a pensar como posiblemente piensan los otros puedo llegar a comprenderlos, lo que no significa que comparta sus soluciones.

Al final estos jóvenes, ya que el suicidio es la segunda causa más frecuente en jóvenes de 15 a 22 años, si no mal recuerdo, y todas estas personas de cualquier edad, no tienen la culpa. La gente que los rodea los han hecho sufrir, no han conocido gestos de amabilidad, y sobre todo, estoy segura, se sienten solos, a pesar de muchas veces estar rodeados de cientos de personas, no encuentran un alma amiga que los comprenda y les ayude a soportar las dificultades de la vida.
Así que no puedo juzgar a esta gente, sólo puedo aconsejar algo y es que se esperen un poco, porque la vida cambia y nosotros mismos cambiamos. A veces dentro de la misma vida morimos decenas de veces y nos transformamos, es como si mudáramos de piel o de sentimientos. A veces encontramos lo que necesitamos, a veces podemos curarnos, a veces un animal, una mascota puede ser tu alma amiga. Pero sobre todo recomiendo la meditación, buscar un lugar tranquilo con luz tenue y cerrar los ojos y no ver ni escuchar nada mas que la respiración, no moverte, no pensar, sentir la paz que sólo puede existir en uno mismo. Eso calma la mente y puede lograr curar cualquier malestar emocional y cualquier recuerdo desastroso incluso malestares físicos.

Inténtalo todo, todo, todo, antes de rendirte.

A veces creemos que solo somos espectadores de todo lo que pasa en el mundo y que las otras personas son los protagonistas, los que les va bien y tienen éxito en la vida.
Me ha pasado pensar así pero luego recuerdo que la meditación enseña que una vida sencilla también puede ser plena y que a veces la mayor lección que podemos aprender es el dominio de nuestras emociones, algo que la sociedad y el sistema educativo no nos enseñan desde niños. Al contrario, parece que se empeñaran en jodernos la vida nuestros propios familiares, los compañeros y la escuela. Pero si vemos las cosas desde otro ángulo, eso que te han enseñado que es la felicidad y eso que ellos te niegan es una realidad ajena que nos han implantado.

Si la vida importa tan poco, como piensan los suicidas y los deprimidos, ¿qué importan lo que piensen los otros? ¿qué importa lo que piensen tus padres?
¿crees que tus padres prefieran tener un hijo muerto que uno que recorra el mundo, que un hijo gay, que una hija embarazada?
Eres el único creador de tu vida, y no podemos cambiar a los demás aunque no nos guste. Tal vez la única forma de cambiarlo lo que nos rodea sea con nuestro ejemplo, pero no lo sé, tal vez me entiendas o tal vez no, tal vez ni siquiera estés de acuerdo, ¿pero qué importa? ¿qué importa todo?

Ana Lucía (La Comiteca)

Bacalar

Bacalar falta subirlo

miércoles, 8 de marzo de 2017

Viajando por Tulum, México. Experiencias, impresiones, rutas, transportes, hostales y restaurantes en Tulum.




(Esta es una narración de mi viaje por Tulum durante 4 días, de experiencias personales, información de rutas, hostales y restaurantes que podrían ser útiles a cualquier viajero, pero también puede servir como simple lectura. Antes de esta narración está la de Mahahual, Bacalar y Chiapas.) 





 

Primer día en Tulum. 

Llegada al hostal y caminata.


La pareja francesa que nos dio raid/autostop* desde el nuevo Mahahual hasta Tulum nos dejó sin saber exactamente a la altura de nuestro hostal y frente a un restaurant llamado Huazontle en el que ofrecían menús de comida corrida. Ellos se bajaron de su carro rentado para despedirse de nosotros,
le dijeron a Álvaro - Tengo una hija en Paris, tal vez nos veamos.-
Pero ninguno intercambió contactos, sólo nombres. 
Nos fuimos directamente a comer al Huazontle. Pedimos el platillo vegetariano que se llama también Huazontle y es la rama del amaranto, según nos explicaron. No estaba mal el sabor combinado con queso pero después de comerme la mitad me sentí hastiada de ese sabor. 

Llegamos fácilmente al hostal a las 3 de la tarde, parece una casa normal por dentro y por fuera, una casa familiar. Los chicos que atienden son muy amables y relajados, juegan videojuegos en el salón. Después me enteré que son voluntarios, que viven ahí cierto tiempo por alojamiento y trabajan 8 horas.
En el segundo piso hay una terraza agradable pero con vista a la calle, o sea la vista no se compara con la de el hostal Bambú en Mahahual que tiene el mar al frente.

El hostal estaba bien pero un poco polvoriento y había sólo un ventilador en el cuarto, en la noche me daba mucho calor. Por otro lado el desayuno que dan está muy bien porque es incluido y es abundante. 


Pensamos que nos daría tiempo de ir a la playa, nos dijo el recepcionista que eran más o menos 3 kilómetros caminando hasta playas públicas como la de playa escondida.
En el camino nos bebimos un smoothie/licuado en el lugar de la foto, 
pensamos que no quedaba mucho camino pero en realidad no íbamos ni la mitad, además éramos casi los únicos caminando. Toda la gente se trasladaba en bici, sobretodo los turistas.

Estábamos un poco hartos de no llegar a ninguna playa, así que hicimos una parada en un lugar que parecía muy autentico, no nos atendían porque el que vendía los helados estaba quemando coco, según nos dijeron, cuando llegó a atendernos tenía un olor fuerte a coco, le pedimos un helado artesanal de vainilla, 45 pesos. 


Seguimos caminando sin saber que debíamos haber doblado antes por otra calle, entonces llegamos la playa privada de un restaurant. 

Volvimos a ver el mapa y vimos que nos habíamos pasado de largo, así que tuvimos que regresar por donde veníamos, debíamos doblar en el primer crucero que encontráramos a mano izquierda y caminar como 1 kilometro más, pronto iba a atardecer así que nos quedamos a mitad de camino en un restaurant/bar con playa privada. 
Ahí Álvaro se pidió unos tacos de arrachera y una coca, 150 pesos la orden de 4 tacos, a mí me pareció muy caro así que no lo recomiendo, aunque a Álvaro le parecieron muy buenos.
Yo caminé un poco sobre las rocas de esa playa viendo iguanas y pelicanos que pasaban volando.

* "pedir aventón", "raid", "hacer dedo", "autostop", etc.

Segundo día en Tulum. 

Ruinas de Coba y un regreso complicado.

Al otro día desayunamos (los desayunos se sirven de 8 a 10) y caminamos por la avenida principal para tomar las combis que van a las ruinas de Coba a las 10:30.
Vimos que en el camino hay varios cenotes, hay uno que está más cerca de la ciudad, la combi cobra 20 pesos si te deja en la entrada al primer cenote, nosotros no fuimos al cenote pero una chica bajó ahí. También hay otro cenote que se llama cenote maya Ek Balam que se anuncia en la rotonda que está casi llegando a Coba. 

A las 11:05 llegamos a la entrada y el chofer de la combi nos explicó que para regresar teníamos que tomar un taxi compartido (para que no sea tan caro) o un autobús de ADO pero que tenia horarios precisos y era un poco tarde, 15h u 16h. No tomamos mucha importancia a esa información, después nos apañaríamos.

En la entrada del parque arqueológico están los baños, hicimos cola para comprar los tickets de entrada, se nota desde ahí que es una zona muy turística, incluso más que Palenque. 
 
Las ruinas tienen cierto encanto, y son muy diferentes a las que yo conozco en Chiapas, tienen una especie de túnel del lado derecho a las primeras pirámides.

Son las únicas ruinas que conozco donde se rentan bici-coches y bicicletas para conocer las ruinas. Nosotros éramos de los pocos que caminamos el recorrido entre bicicletas y bici-taxis a través de la selva. 
No es que nos guste caminar, pero no tenemos problema. De hecho, hay que caminar como 2 kilómetros para llegar a la pirámide más grande.

Por fin llegamos a la pirámide y es impresionante a primera vista ver a la gente que sube y baja con vértigo porque la pirámide les parece muy alta y empinada. 
Es la primera pirámide que veo en la que la gente baja sentada. Al principio también nosotros bajamos sentados en fila con la demás gente, agarrándonos de un lazo que está en el medio de la pirámide, pero después nos dimos cuenta que en esa parte las piedras están muy lizas porque todo mundo baja por ahí, así que nos fuimos un poco a la derecha y bajamos de forma normal sin ningún problema, como si bajara las escaleras de mi casa. 

Lo único que me extrañó del sitio fue que no habían cuadros de información frente a cada pirámide, como lo hay en todas las otras ruinas que conozco, y es raro porque Coba recibe mucho más turismo que las otras ruinas que conozco. 

Solo vimos como 3 pirámides y 2 juegos de pelota pequeños y nos salimos como a la 1 porque ya estábamos hartos de caminar y teníamos hambre. Comimos en un restaurant de afuera, los precios no eran tan altos como pensábamos por ser un lugar tan turístico.

Álvaro pidió un platillo de cochinita pibil y yo unos chilaquiles y un coco frío. Nos atendieron muy bien, el mesero y los trabajadores hablaban una lengua maya. 
Nos relajamos ahí por una hora, pero cuando intentamos tomar un transporte para volver a Tulum fue imposible. Los taxis nos querían cobrar 400, y no había con quien compartir el taxi porque la mayoría iban en transportes turísticos privados y los otros se regresaban en ADO que está también afuera de las ruinas pero que salen aproximadamente cada 3 horas. Cuando preguntamos en los autobuses de la ADO sólo tenían un lugar. Entonces fuimos con un chofer de combi que acababa de llevar gente para tratar de convencerlo de que nos regresara, pero el señor nos habló claro, nos dijo que los taxistas no lo dejan, si lo cachan va tener problemas y le van a quitar su dinero. 
-Es como una mafia- dijo Álvaro. 

Sin embargo, el chofer nos dijo que camináramos siguiendo la carretera unos 3 kilómetros hasta llegar a la rotonda y que ahí nos subiría cualquier taxi o autobús, lo cual era mentira (comprobamos después).

El camino a la rotonda se nos hizo eterno, había mucho calor y no sabíamos exactamente qué tan lejos estábamos. 

Cuando llegamos esperamos como 20 minutos porque ningún transporte quería subirnos y ningún coche se detenía para darnos aventón. Llegaron a donde estábamos unos señores mayas de la región que también estaban pidiendo raid para ir a Tulum. 

Decidimos que seguiríamos caminando, pero quise hacer el intento una última vez y un coche se detuvo, nos subió a los 4. Era un Israelita nacionalizado mexicano, habla español aunque con dificultades, también sabe un poco de maya que trató de practicar con el señor y la señora. No sabíamos lo que decían pero nos sorprendió que supiera algo de maya. Por supuesto era alguien fuera de lo común, ¿si él no nos hubiera recogido entonces quién?
Se detuvo en San Juan, un pueblo antes de llegar a Tulum, bajó a tomar agua de coco, después de lo partieron, también le ofreció a los señores mayas un coco, a nosotros no, pero nos convidaron de trozos de coco.

Bueno, al final de cuentas, a pesar de la caminata y la espera, por lo menos nos habíamos ahorrado el pasaje de vuelta.

Llegamos al hostal muy cansados, fuimos al Chedraui* que estaba cerca a comprar algo para hacernos de cenar y charlamos en la terraza con los otros huéspedes que nos invitaron vino y cerveza. Había una chica suiza, una italiana y un inglés muy relajados y amables, pero había un señor estadounidense muy raro que deambulaba por la casa y era muy molesto, además era simpatizante de Donal Trump y lo hacía notar, nos preguntamos - ¿qué hace aquí?
Álvaro dijo - es tan ilógico como que a mí que no me gusta el clamato visitara una fábrica de clamato. 

*Chedraui es un supermercado muy conocido en México en el que se encuentra de todo, sólo está en las ciudades o pueblos con demanda comercial. En Mahahual por ejemplo no hay, tampoco en Bacalar por ser pueblos tan pequeños para México.

3er día. 

Tulum en bicicleta. 

Desayunamos y rentamos cada uno una bicicleta en el hostal (100 pesos cada bicicleta por 24 horas). Son bicicletas sin freno manual, hay que frenar con los pedales, me costó un poco acostumbrarme principalmente porque la bicicleta me queda grande y esto acostumbrada a subirme a la bici con los pedales cuando está andando.

Nos fuimos por la carretera principal que va a Tulum, fue un trayecto muy agradable, al principio hay que ir entre los carros y eso no me gustaba pero después se encuentra un camino para peatones y bicis. Luego hay un letrero que anuncia Ruinas de Tulum y hay que doblar a la derecha. Se estacionan las bicis y hay que hacer fila entre cientos de turistas (la mayoría extranjeros) para comprar el ticket/boleto.

Mientras hacíamos la fila Álvaro y yo discutíamos como siempre a la vez en serio y a la vez de broma, pero esta vez empezaba de verdad a exasperarme, sin embargo no quise pelear porque sabía que se iría mañana y después me haría falta. En cuanto entramos a las ruinas los humos se dispersaron.

Estas ruinas no tienen la esencia que tienen Coba, Palenque, Toniná, o cualquier otra zona arqueológica maya, pero son especiales porque están frente al mar y porque era una ciudad importante para el comercio. Tengo la impresión de que hay menos iguanas que la primera vez que vine que estaban por todos lados, y sobre todo hay muchísimo más turismo.

El calor era abrazador, recorrimos todo, no es muy extenso, después nos metimos al mar, pero como no había un baño cerca del mar sino hasta la entrada principal de las ruinas, no pude ponerme el bañador así que me metí con todo y ropa, no podía no meterme, el mar es increíble y las olas parecen muy divertidas. Además permanecer mojada me ayudó a refrescarme de ese calor tan fuerte, cuando volvimos a montar en las bicis me sequé en menos de 15 minutos.

A las 12:40 llegamos a una playa publica con palapas y restaurantes muy caros, aquí dejo la foto del menú de bebidas, el de las comidas ni siquiera lo vi. 

Es muy notable que aquí la mayoría del turismo es extranjero, a diferencia de Mahahual y Bacalar en los que se ve frecuentemente turismo nacional. Por ejemplo, en el restaurante donde estamos ahora no hay ninguna mesa con mexicanos, pues una cerveza corona cuesta 50 pesos, en euros son apenas 2 euros pero en México en un bar normal con 50 pesos te compras dos cervezas, en un supermercado un six puede costar 70. 

Volvimos a las bicis y fuimos en busca de un cajero para poder retirar y pagar una comida. Había un ATM frente a la siguiente playa pública pero sólo pudimos retirar en dólares. Nota: Tengan cuidado, porque los cajeros que están por estas playas sólo pueden dar dinero en dólares (es muy tonto) y sé que hay personas que no se han fijado y han retirado 1000 dólares pensando que eran 1000 pesos.

Después venimos a un restaurant llamado Megganine, pensamos que sería muy caro porque era parte de un hotel muy nice y además tenía piscina propia, pero Álvaro no aguantaba el hambre. Pensamos que sería muy caro, pero al ver la carta vimos que los precios eran incluso económicos si los comparamos con restaurantes en Europa. Eran el doble de lo normal pero la verdad es que después de probar el buen sabor de nuestras comidas nos dimos cuenta que era barato para lo bueno que estaba. Así que comimos a gusto y bebimos agua de piña. Los meseros eran muy amables y muy atentos. La sopa, los tallarines y el guacamole que pedimos estaban de lo mejor.


Después nos fuimos a la playa, no había un sólo lugar con sombra y ya estábamos muy asoleados, así que se nos ocurrió hacer una casita con palmeras que encontramos tiradas.

4to día. 

La despedida.

Álvaro tomó el autobús Tulum-Cancún Aeropuerto a las 9 en punto, para volar Cancún-México, México-Paris. Estuve con él en la estación de Tulum hasta que abordó.
Me hizo reír hasta el último instante, no había forma de estar tristes, sin embargo es un sentimiento raro, porque en realidad, aunque seguimos en contacto por mensajes, será muy difícil volvernos a ver algún día en persona.

- Te vas y me quedo solita - Le dije a Álvaro, sin saber lo que me esperaban las proximas 2 semanas y que experimentaría muchas cosas excepto soledad.

Regresé al hostal sola, eran las 9am, me perturbó cómo cambiaba el hecho de ir sola a ir con un acompañante, pues ahora me echaban piropos en la calle, no es algo agradable de ninguna forma, y aunque en la mayoría son inofensivos, da la sensación de estar en un ambiente inseguro.
Ahora recordé que a pesar de que amo viajar por mi país eso es algo que siempre he odiado de México como de los países árabes.

Regresé al hostal para desayunar, hice mi maleta y volví a la estación para esperar mi camión y tratar de no llegar muy tarde de regreso a Mahuahual. Ahora lo que me espera es hacer un voluntariado de 2 semanas en el hotel de cabañas Blue Kay. 

Ana Lucía, La Comiteca. 

lunes, 27 de febrero de 2017

Mahahual Viajando por Quintana roo


Después de pasar dos días y una noche en Bacalar, nos dispusimos a ir a Mahahual porque nos habían hablado mucho de ese lugar de playa paradisiaca.
Compramos el trayecto directo. Bacalar-Mahahual 80 pesos c/u en ADO, esperamos una hora y abordamos a las 15:20 a una combi de la ADO con clima.

Desde que empezamos a avanzar el chofer hizo paradas para subir a más personas sobre las calles y sobre la carretera porque la combi no iba llena.
- ¿Puedo dejar aquí mi machete?- Preguntó un señor cuando subió al transporte.

Le pedí al chofer que nos bajara en Blue Kay, era el primer hotel a la entrada de Mahahual, así que nos ahorramos la caminata. El Blue Kay parecía muy agradable, estilo playero, con arena en la recepción, lo que indica que se está justo en la playa, nos hubiera encantado pasar ahí la noche pero nos dijeron que sólo había una cama disponible. Debimos haber reservado por booking.





Caminamos sobre la calle principal o malecón, había mucha gente, turistas, vendedores de artesanías, masajistas, fruteros, y el carrito de marquesitas, hasta que llegamos al hotel Bambú, creo que hay máximo tres dormitorios, la cocina está muy bien, pero es pequeña, pero por 180 pesos la noche no estaba mal.





Ya el sol estaba poniéndose, eran las seis de la tarde, horario de Quintana roo. Y nos fuimos a la playa en frente del hostal Bambú para remojarnos por primera vez en aguas del Caribe mexicano. Para Álvaro era un sueño muy lejano que se hacía realidad, y para mí, bueno, nunca imaginé que el paraíso pudiera estar en México.
 Nos compramos un coco, costó 35 pesos y lo disfrutamos mucho, frente a la playa.

 Nos compramos un coco, para Álvaro era la primera vez que comía un coco entero y que veía cómo lo abrían con machete. Nos costó 35 pesos y lo disfrutamos mucho, frente a la playa. 


En el hostal nos aconsejaron el restaurante Don Fernando, parecía muy bueno, pero no había más lugar. Encontramos taquería el katrachito, al menos tenían opciones vegetarianas como torta vegetariana y burrito vegetariano, pero por el mismo precio puedes comer un pedazo de Pizza Metro, o incluso por menos una rica empanada en el ñam ñam

La noche es un poco ruidosa en este hostal, los huéspedes pueden poner música fuerte hasta la una o dos de la mañana, esa fue lo que nos molestó un poco.

2 día en Mahahual, domingo 12

Decidimos que este lugar nos gustaba, y el hostal no era caro, podíamos quedarnos otra noche y así disfrutar todo el día sin ninguna presión. ¿Quién diría que yo me quedaría 2 semanas más?
Rentamos a 100 pesos unos esnorkels en el hostal y nos dirigimos a la playa del hotel Blue Kay porque nos aseguraron que era la mejor y que tenía buenos arrecifes. Caminamos por todo el malecón, Álvaro iba buscando entre las artesanías suvenires para llevar a Europa cuando regresara. En el camino nos encontramos a Oscar, el chico español que habíamos conocido en Bacalar, nos dijo que conoció unos chicos argentinos que harían un voluntariado en Blue Kay y que el hotel les daría dormitorio. Se me ocurrió preguntar un poco más al respecto.
                En la playa del Blue Kay se pueden utilizar los camastros mientras consumas algo. Álvaro sólo quería leer y estar en el sol, yo me metí al mar por horas con los esnorkels para ver a los peces, me di cuenta de que los peces nadaban sobretodo cerca de unas piedras y me entretuve bastante observándolos, muy cerca de la orilla de la playa, pues no es necesario meterse tanto para ver lindos peces y hasta mantarrayas, entre las rocas vi también que había un conjunto de erizos, me dio nervios verlos, nunca había visto antes, ni sabía qué eran, pero me imaginé que no eran buenos y que no debía tocarlos, luego me enteré que sí te pinchan duele mucho por días enteros. Nos bronceamos demasiado ese día.


A las 2 de la tarde  buscamos un lugar para comer langosta, este plato que se ve en la imagen nos costó 300 pesos. 


Después me dispuse a ir al Hotel Blue Kay para preguntar sobre el programa de voluntarios, me dijeron que habían 14 voluntarios en ese momento, pero quedaba una cama disponible en los dormitorios y que podría empezar el viernes pues todavía debo ir a Tulum para seguir viajando con Álvaro y despedirnos el 16 de febrero.

A las 17:30 volvimos a ponernos el bañador. A esta hora el sol no quema y aunque hay viento un poco frío el agua está a temperatura ambiente. Otra vez nos entretuvimos viendo y persiguiendo peces.

En la noche hicimos nuestra cena en la cocina del hostal aunque era muy difícil coordinarse con los otros huéspedes que también estaban cocinando. La gente en el hostal tomó e hizo ruido toda la noche hasta las 2 de la mañana, es raro que se permita eso en un hostal pequeño. Nosotros nos fuimos a dormir desde las 11, estar en la playa nos relaja tanto que nos da sueño muy temprano.



3er día en Mahahual. Nos vamos.


Nuestro plan era pasar a un cajero para retirar dinero y poder pagar nuestro pasaje a Tulum. Preguntábamos con la gente del pueblo dónde podíamos encontrar un cajero y nos daban indicaciones, pero cuando llegábamos veíamos que estaban sin servicio, entonces volvíamos a preguntar a las personas por un cajero que sí sirva
– Ah, que sirva no hay, tiene que caminar o tomar un taxi hasta el hotel Maya Inn que está fuera del pueblo.
Como teníamos las maletas, decidimos tomar un taxi, Álvaro estaba estresado porque pensaba que ya no tendríamos dinero, me echaba a mí la culpa porque no quise sacar dinero en Bacalar.

Llegamos al Maya Inn, dentro hay un cajero de Santander. Por fin saqué dinero.
Regresamos a la carretera para esperar algún transporte, pero no pasó nada durante cinco minutos hasta que por el mismo camino del hotel Maya In pasó una manada de coches de golf pero para turistas que se dirigían a Mahahual, ese es el turismo rico, nos dijimos, eran los turistas que bajaban de los cruceros que llegan a Mahahual. Exactamente atrás de ellos pasó un coche que iba a girar hacia donde estábamos y se detuvo para preguntarnos a dónde íbamos. Pensaron que estábamos pidiendo Stop/a dedo, nos hablaron en inglés pero les escuchamos un acento y les contestamos en francés que íbamos a Tulúm. Así fuimos por tres horas charlando muy agradablemente con Brigette y Pascal sobre sus viajes y otros temas en común.

En realidad tuvimos mucha suerte, porque luego me enteré que el trasporte pasa en horarios determinados y que la mayoría te bajan en limones y ahí hay que esperar como tres horas para que pase otro que te lleve a Tulum.

Nos dimos cuenta de que llegamos a Tulum porque vimos mucho turismo y franquicias.
¡Llegamos a Tulum!